
En los comienzos los enormes ordenadores no tenían espacio para juegos, y como mucho se podía encontrar algún que otro juego de palabras. El verdadero furor llegó con las Home Computers en los años 80: con las Commodore 64 o los CZ Spectrum lo mejor que había era llegar del colegio para almorzar apurado y ponerse a jugar.
Los videojuegos eran la esencia misma de los ordenadores, tanto que para muchos los ordenadores no existían para otra cosa que para jugar, y en gran parte en aquellos años esa fue la consigna de la industria.
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